sábado 7 de noviembre de 2009

Alejandro Cortés, nuevo novelista

El ganador del premio de novela corta 2009, que organiza cada año el Taller de Escritores de la Universidad Central y su Especialización en Creación Narrativa, fue el joven bogotano (1977), publicista, miembro del Taller de Novela de Renata-Bogotá, que dirige Nahum Montt, y poeta, Alejandro Cortés González. Ganó con su novela Inframundo, que leyó un jurado integrado por Evelio Rosero, Milcíades Arévalo y Miguel Ángel Manrique. Alejandro ha trabajado en publicidad entre Buenos Aires y Bogotá y es profesor de la Universidad San Martín. El segundo premio fue para el caleño, residente en Bogotá, egresado del TEUC, Jairo Andrade, por su novela El tenedor de Kafka.
En cuento, el ganador fue Carlos Alberto Martínez, con su cuento "De nuevo, un hombre en casa". Fueron finalistas, Helder Morales, Oscar Pantoja, Andrés Augusto Díaz y Marta Urzola. Pertenecen a distintas promociones del TEUC. Los jurados fueron: Carmen Cecilia Suárez, Julio Paredes y Álvaro Miranda.
El fallo fue entregado en la clausura del V Simposio Internacional de Literatura, con la presencia de los invitados especialies, la escritora argentina Liliana Bodoc y el laboyano, Gerardo Meneses.

lunes 2 de noviembre de 2009

Bodoc, Fessel y Meneses, en la U. Central


El V Simposio Internacional de Literatura, dedicado en esta ocasión a la literatura juvenil, que organizan la Universidad Central de Bogotá y su Especialización en Creación Narrativa, tendrá tres conferencistas centrales:




Liliana Bodoc (Santa Fe, Argentina, 1958), vivió en Mendoza y luego pasó a Buenos Aires. Estudió letras en la Universidad de Cuyo, ha ejercido la docencia, es poeta y narradora. Su primera novela "Los días del Venado" se convirtió en un libro de mucha popularidad. La editorial Norma la publicó en 2000, a la que siguieron la segunda y tercer parte de la trilogía, "Los días de la Sombra" (2002) y "Los días del Fuego" (2004). Las tres obras conforman la "Saga de los Confines". Desde el principio, Liliana Bodoc ha ganado siempre con sus libros: Mejor libro de la Feria del libro de Buenos Aires (2000), el Premio Fantasía (2000), Lista de honor del Premio Andersen 2000, Mención especial, The White Ravens 2002. También ha escrito otros libros como "Diciembre Super Álbum", que es una novela corta juvenil publicada por editorial Alfaguara, "Sucedió en Colores", un libro de cuentos publicado en 2004 por la editorial Norma-Kapeluz, "Amarillo", cuento publicado en la editorial Imaginaria, y "Puente de Arena" en la antología de cuentos por la paz, publicada por editorial Alfaguara en 2003. Liliana Bodoc ganó, también, el Premio Calidoscopio de Venezuela (2003) por “Los días de la Sombra”, y la distinción de “Destacados de ALIJA” (2002-2003) por su novela juvenil “Diciembre Súper Album”. Una de sus últimas novelas de éxito es “El mapa imposible", de Alfaguara, relato pleno de sugerencias, que requiere una participación activa de la imaginación del lector. Su estilo hace gala de una particular forma poética. Así: "Lila tenía una pierna sin música. Una pierna izquierda que no podía saltar, brincar, andar por los aires, ni moverse con donaire. Una pierna que tropezaba y en la calle se caía. Una pierna que no sabía abrir la puerta para ir a jugar".




Karen Susan Fessel, narradora, periodista, dramaturga alemana (Lübeck, 1964), con una inmensa obra para adultos, jóvenes y niños, conferencista invitada a varios países del mundo. Algunos de sus libros ya fueron traducidos al español. Libros: Una estrella llamada Mamá, ¿Y qué?, ¡Atención, chicos, vamos!, Oropel en el cielo, Caos en el polo, y muchas más.



Gerardo Meneses Claros (Laboyos,(1966, al sur de Colombia), narrador, periodista de radio, profesor de primaria y secundaria, licenciado en literatura e idiomas, con premios regionales, nacionales e internacionales, y una producción continua, en los últimos diez años, ha sido avalada por editoriales como Educar, Panamericana y Alfaguara, en Colombia, y Libresa en Ecuador. Algunos de sus libros: Danilo Danilero, cabeza de velero (Premio Departamental de Literatura Infantil, 1999), Tato tiene novia (Mención Especial Comfamiliar del Atlántico, 2002), Un amigo para Alejandro (Primer premio Comfamiliar del Atlántico, 2005), La novia de mi hermano (Premio Internacional de Literatura Juvenil, Libresa, Ecuador, 2006), Carmen dijo que sí (Alfaguara, 2009), El espejo no lo muestra todo (Educar, 2009).



El Simposio se inaugura el miércoles 4 de noviembre de 2009, en el Teatro de Bogotá, calle 22 entre carrera 5 y 7, Bogotá, a las 6 de la tarde. Entrada libre previa inscripción.

domingo 1 de noviembre de 2009

Dos poemas de Clemencia Tariffa (1959-2009)


Señoras

Señoras con rostro plegable
que ayer oísteis mis poemas
y esta mañana
nos tropezamos en la calle.

Me miráis de reojo
como a un raro animal
como a buitre verde,
y volteáis la cara
meneando el caderaje
musitando sandeces
…¡vaya!...
siento un placer casi morboso
manteniendo esposas en ascuas.
Parece mentira, pero,
en mis poemas
no figuran sus maridos.

Trotando por el más verde y mullido de los pastos

Anoche salí al patio, me sentí observada; recosté las caderas sobre el húmedo césped y la cabeza reposó en la malva; el patio está lleno de malvas, sucede cada vez que llueve. Miré al cielo. Había un gran retazo de pana y en una esquina pendía la cacerola de aluminio más grande que jamás haya visto caribeño alguno; brillaba tanto como acero caliente. Esa luna me miraba y me veía diminuta, ¡qué simpática debí parecerle!

Pero la noche se fue poniendo helada. Me fui a acostar. En el techo de mi cuarto hay cuatro goteras; me gusta dormir libre de ropa; sobre la piel, mis vellos. Las gotas resbalan en fila india; justo encima del vientre cae una; es grande y fría; pero me enrosco, parezco un erizo marino, redondo, crispado.

Amaneció y volví al patio. Ahora voy hasta el ciruelo macho; cómo me agrada masticar sus hojas. Entre los huequitos del milimetrado follaje he metido mis largas uñas, y un montón de florecillas que del guácimo se desprenden, caen precisas en la taza que mi otra mano ha formado.

El sereno empieza ahora en octubre, pero sus tardes son tan calientes que aumentaron mi deseo de amar. Decido entrar, desnudarme y regar aceite para niños en mis ojos pintarrajeados. Luego recuesto mi delgado cuerpo en el blando sofá, casi no lo siento; a veces creo que mi poroso cuerpo se confunde con la espuma. ¡Vaya si es delgado! Pero entras tú por el portón trasero como un caballo en corral ajeno. Y yo, que siempre, siempre estoy seca, voy humedeciéndome; aguadas columnillas destila mi frente; procuro evitar tanto gemido, pero me confundo. Ya no sé si eres un potro, o simplemente vas trotando por el más verde y mullido de mis pastos.

Me cuenta Hernán Vargascarreño (foto, con Clemncia Tariffa) en relación con estos textos de la tremenda y gran poeta Clemencia Tariffa, lo siguiente (es un tono coloquial, pero es historia colombiana):

"Los dos poemas pertenecen al libro Cuartel (Santa Marta, Ediciones Exilio, 2006)
Fue el libro que pude reunir de los escombros de Clemencia (Tariffa) de tres libros que tenía escritos, y que borroneaba y perdía a cada rato. Ya en su delirio completo en la clínica mental le saqué el dinero a la alcaldìa para publicarle el libro. Le hicimos sendos homenajes en Santa Marta y Barranquilla, y el año pasado me permitieron hacérselo en la casa silva con la excusa de la presentación de Cuartel. Yo no fui capaz de volver a visitarla; a cambio envié a un grupo de amigos a la clínica para que ella viera, apreciaria y acariciara su libro. Se puso feliz y reclamó mi presencia, pero hay cosas que no he contado sobre mi salud emocional debido a la cercanía del deterioro de Clemencia. Saberla descansando -ya que me llamaba a veces a gritos- de esta vida me ha hecho descansar a mí también. Se demoró mucho su señora madre -doña Socorro- en llevársela. Ella siempre deseaba que su hija muriera primero, y sin embargo a mí me tocó sepultarla y ahora desde Bogotá hacer sepultar a Clemencia, pues no sé si sabes que duró 7 días en la morgue y nadie reclamaba su cadáver ni había cómo sepultarla. Me tocó llamar a mucha gente, en medio de la ira y del llanto, para hacerla sepultar. Finalmente la alcaldía costeó el entierro y mis amigos pudieron acompañarla leyéndole sus poemas. En fin, fueron tantos los dolores con Clemencia, que ya lo veo bien como pasado y lo que más me importa es seguirle publicando sus poemas en revistas y antologías. Gracias por ayudarme en la labor".


sábado 31 de octubre de 2009

XVII Festival de Literatura en Montería


XVII FESTIVAL DE LITERATURA
DE CÓRDOBA Y DEL CARIBE

Montería, octubre 30 y 31 y noviembre 1 de 2009
HOMENAJE A BENJAMÍN PUCHE VILLADIEGO
(Investigador sinuano, creador de la fórmula matemática de la trenza del sombrero vueltiao)

ORGANIZA: EL TÚNEL, DE MONTERÍA

PROGRAMACIÓN

+ VIERNES 30 DE OCTUBRE: INSTITUCIÓN EDUCATIVA SANTA ROSA DE LIMA: 10:00 a.m.
- EDUARDO MENDOZA PORTACIO: Cuentos de Manuel del Cristo y Cantos de vaquería.
- DAVID PÉREZ DAU: Cuentos de Juan, Pedro y Manuelito y Por qué el amor es ciego.
- MARCÍA ZUMAQUÉ: Poemas de José Luis Garcés González.
- CARMEN AMELIA PINTO: Cien años de soledad (fragmentos de memoria).
- ENÁN JIMÉNEZ: Poema Los amorosos, de Jaime Sabines.
- JUAN SANTANA VEGA: Conferencia Los cometierra.

+ VIERNES 30 DE OCTUBRE: INAUGURACION DEL FESTIVAL DE LITERATURA
ÁREA CULTURAL DEL BANCO DE LA REPÚBLICA: 4:00 p.m.
- FRANCISCO BURGOS ARANGO: Lectura poética.
- LUIS MAJÍN RÓDRÍGUEZ PASTRANA: Interpretación del poema El barco ebrio, de A. Rimbaud.
- JOSÉ ARTURO EALO: Aquella Montería hedonista y nocturna.
- ÁLVARO BUSTOS GONZÁLEZ: Cuento: Amigos con derecho a todo.
- LEÓN SIERRA URIBE: Malos consejos a jóvenes escritores.
- Música: Estudiantina Universidad de Córdoba.

+ SÁBADO 31 DE OCTUBRE: AUDITORIO CÁMARA DE COMERCIO 8:30 a.m.
- Conversación entre los escritores Guillermo Tedio, Raymundo Gomezcásseres y Alberto Hernández: Los libros que han impactado mi vida.
- Presentación del libro Conciencia y utopía del hombre americano, de Eduardo Pastrana Rodríguez.
- Conferencia del economista Aarón Espinosa: Desarrollo y cultura, una relación indispensable.
- Exposición del proyecto pedagógico Un encuentro con el cuento, por Armando Vergara, profesor de Sahagún.
- Música: Estudiantina Universidad de Córdoba.

+ SÁBADO 31 DE OCTUBRE: AUDITORIO CÁMARA DE COMERCIO: 3:00 p.m.
- Presentación del libro Mochuelos cantores de los montes de María la Alta. Volumen III. Andrés Landero, el clarín de la montaña, de Numas Armando Gil Olivera.
- Diálogo literario con el escritor Roberto Burgos Cantor: Mi experiencia como narrador y lector.
- Conferencia de Luz Marina Tigreros: Comunicación y derechos humanos
- Charla de Eduardo Márceles Daconte: Cómo hice el libro de Celia Cruz.
- Presentación del libro Pablito Flórez, de Carlos Marín.

+ SÁBADO 31 DE OCTUBRE: AUDITORIO CÁMARA DE COMERCIO: 7:00 p.m.
- Lectura poética: Miguel Iriarte, Roberto Núñez Pérez, Pedro Blas Julio y Luis Roberto Mercado.
- Presentación de los poemarios:
* Las secretas torturas del azar, de José Manuel Vergara, a cargo de Guillermo Tedio.
* Tratado de soledad, de José Ramón Mercado.
* El ritmo de los girasoles, de Ricardo Vergara Chávez. Presentación a cargo de Ignacio Verbel.
* Poemas malditos. Versos irreverentes y sin pelos en la lengua, de Félix Manzur Jattin.

+ DOMINGO 1 DE NOVIEMBRE: AUDITORIO CÁMARA DE COMERCIO: 8:30 a.m.
- Presentación del cuentario El milagro de María, de Néstor Solera.
- Conferencia del investigador musical Julio Oñate Martínez: El vallenato en el Sinú.
- Homenaje a Benjamín Puche Villadiego, a cargo de José Luis Garcés González (foto). Palabras del homenajeado.
- Música: Grupo de Gaitas del Centro Cultural Raúl Gómez Jattin, de Cereté.
- Conferencia de Numas Gil: La lámpara de Diógenes: otra mirada a los cínicos.

+ DOMINGO 1 DE NOVIEMBRE: AUDITORIO CÁMARA DE COMERCIO: 3:00 p.m.
- Presentación del libro La Guajira en la obra de García Márquez, de Víctor Bravo M.
- Presentación del libro Para qué recordar, de Roberto Montes Mathieu, a cargo de Miriam Castillo.
- Conferencia: Cine y literatura, por Frank Patiño, de Mincultura.
- Cuadro Teatral, estudiantes U. de Córdoba: El Quijote a lo costeño.
- Presentación del libro Para morir después, de William Arroyo.

PREMIO A LA FIDELIDAD CULTURAL: LAS PERSONAS QUE ASISTAN A TODOS LOS ACTOS, SERÁN ESTIMULADAS CON EL REGALO DE LIBROS, DISCOS, PERIÓDICOS Y REVISTAS.

jueves 29 de octubre de 2009

Gustavo Tatis Guerra en Montelíbano


¿Cómo es un encuentro de escritores en Montelíbano? El escritor Naudín Gracián lo ha organizado de esta manera, en homenaje al poeta, narrador y periodista, Gustavo Tatis Guerra.


ENCUENTRO DE ESCRITORES DE MONTELÍBANO
En homenaje a Gustavo Tatis Guerra

FECHA: 29 y 30 de octubre

ESCRITORES INVITADOS:

Carlos Marín Calderín (Montería), Gustavo Tatis Guerra (Sahagún-Cartagena), Francisco Flórez (Pto. Libertador), Betty Brunal (Montería), Fernando Buelvas (Planeta Rica), Ginna Morelo (Montería), Marisol Correa, Wilfre Rocha, Pedro Nel Gómez, Luis Alfredo Garavito, Calixto Acosta, Ramiro Barrera, Leonilda Madera, Alejandro Espitia, Alberto Vélez, Fabio Flórez, Juan Salcedo, Julio Mendoza, Marcos Ortega (Montelíbano), y los miembros del taller literario Palabra joven.

Día: Jueves 29 de octubre.
Hora: de 5:00 p.m. a 8:00 p.m.
Cena-tertulia-lanzamiento del Encuentro de Escritores de Montelíbano (sólo para escritores invitados).

Viernes:
8:30 a.m.
Encuentro de los escritores con los organizadores: Escuela de Bellas Artes.

9:00 a.m. a 10:30 a.m.
Visitas a las 6 instituciones educativas.
Betty Brunal: I. E. Belén
Gustavo Tatis: I. E. Inesanjor
Fernando Buelvas: I. E. Alianza
Ginna Morelo: I. E. CESUM
Francisco Flórez: I. E. María Goretti
Carlos Marín: I. E. San Bernardo

3:00 p.m. a 6:00 p.m.
ACTO CENTRAL DEL ENCUENTRO
Presentación de los escritores.
Recital y conversatorio del libro de poemas A cinco voces.
Homenaje a Gustavo Tatis Guerra.
Canción a cargo de un alumno de técnica vocal de la Escuela de Bellas Artes de Montelíbano.
Presentación del libro Tierra de sangre, memoria de las víctimas de la escritora y periodista Ginna Morelo.
Canción a cargo de un alumno de técnica vocal de la Escuela de Bellas Artes de Montelíbano.
Lectura por algunos de los escritores invitados.
Presentación de danzas y gaitas de la Escuela de Bellas Artes de Montelíbano.

martes 27 de octubre de 2009

Clemencia Tariffa ha muerto (II)



Esta es la segunda y última parte del perfil escrito hace dos años por el poeta Hernán Vargascarreño sobre Clemencia Tariffa (foto), cuya desaparición ocurrió a comienzos de octubre pasado en la ciudad de Santa Marta. Y el domingo entrante publicaré dos poemas suyos, tomados de su último libro, Cuartel, edición de Vargascarreño


Clemencia Tariffa, el día del caos total (II)

Por Hernán Vargascarreño

Parte de esos libros, cargados de inquilinato en inquilinato y llenos de tanta belleza, los pude rescatar el día de la peor desgracia que llevó a Clemencia a su caos total. Fue la muerte de la única persona que veía de ella: la muerte de su señora madre. Murió de un aneurisma cerebral. Clemencia despertó y encontró a la señora Socorro en el suelo junto a un pequeño charco de sangre. Buscó al dueño del inquilinato y le dijo: Mi mamá está dormida en el suelo y no se quiere levantar. A partir de ese momento, todo fue un polvorín. Cientos de vecinos se conglomeraron en la vivienda, llamaron a la policía y creyeron la versión de alguien que sugirió que tal vez esa mujer loca había matado a su propia madre. Era un sábado, la víspera de mi cumpleaños en un mes de febrero, y para cuando alguien me llamó telefónicamente a mi casa para que me apersonara de la situación, ya era demasiado tarde. Miles de personas casi nos impiden llegar a la casa. A Clemencia ya la habían detenido por sospechosa y la habían conducido a la estación central de policía. Ese sábado no hubo médico legista en el anfiteatro, el domingo hubo médico pero no hubo máquina de escribir y solo hasta el lunes pudimos reclamar el certificado en el que constaba que la señora Socorro había muerto de muerte natural. A Clemencia la mantuvieron esposada a unas vallas en el patio central del comando, pues no había celdas para mujeres, y no hubo poder posible para convencer a la policía que le quitaran las esposas que tanto le dolían. En un momento en que llegamos a llevarle ropa y alimentos estaba contenta porque un periodista la había visitado para tomarle unas fotografías, pero nos expresó su preocupación porque pensaba que no iba a salir muy bien fotografiada al no encontrarse bien arreglada. Era la conocida foto de la prensa donde el criminal aparece con un gran escudo de la policía tras de sí. Salió en la prensa local y el periodista samario William Fierro se encargó de hacer el gran escándalo y logró que su jefe, Juan Gossaín, amarillista como él, le diera un buen espacio en el noticiero nacional de la televisión del medio día, donde salió la poeta, serenamente confundida y esposada, como asesina de su propia madre.

Aparte de esta desgracia teníamos que solucionar el problema del cadáver. Ningún pariente de la señora Socorro, que los tenía en cantidades en su pueblo natal y a quienes contactamos directamente, ninguno vino de Codazzi a reclamar el cadáver, y seis personas ajenas a su consanguinidad tuvimos que solucionarlo todo. Personalmente, nunca he tenido que sepultar a un familiar mío. Esa fue la primera vez que me tocó asumir tan dolorosa responsabilidad. Una vez Clemencia quedó libre y maculada por toda una sociedad ensañada y manipulada por la prensa, la internamos en la clínica del seguro social. Durante una semana completa hablé por los noticieros radiales, durante una semana completa el periódico El Informador nos dio primera página para desmentir y comentar los pormenores del hecho y resarcir en parte la culpa que sentían al haber sacado la fotografía con el emblema siniestro. Se hicieron reseñas de la vida de Clemencia, de sus condiciones de salud, de la belleza de sus poemas; entrevistaron al médico legista, pero la sospecha ya había sido regada y la maledicencia de la gente difícilmente cambia sus versiones después de fabricadas. En la ciudad se decía que yo había movido todas mis influencias para lograr la liberación de Clemencia, y que incluso el mismo médico legista había cambiado su dictamen. De nada valió la ciencia y el respeto de un médico ya casi anciano, de los más prestantes de la ciudad.

Clemencia duró cerca de tres meses en la clínica mental del seguro social. Luego, los integrantes de Poetas al Exilio le alquilamos un pequeño apartamento, le buscamos dónde la alimentaran y estuvimos pendientes de que no le faltaran sus medicinas. Pero al vivir sola, Clemencia no tenía quién la obligara a tomarse diariamente sus medicamentos. No bastaba que nosotros sufragásemos todos sus gastos, ella necesitaba quién la cuidara. Durante año y medio pudimos hacer este esfuerzo y en varias ocasiones nos tocó ir a rescatarla de su apartamentito, cargarla inconsciente después de muchas horas de haber convulsionado, e internarla en la clínica; hasta que nos llegó la crisis económica a todos y tuvimos que acudir a su antiguo mecenas, el político Juan Carlos Vives Menotti, quien dio la orden de que recibieran a Clemencia en la Clínica Fernando Troconis, en donde reside hace unos seis años.

Hay una foto terrible del poeta Antonin Artaud que luego de verla uno por primera vez es imposible olvidarla. Los que recuerdan esa fotografía podrán establecer una singular semejanza con el estado físico actual de nuestra querida poeta. La mantienen rapada para que otros pacientes de la clínica no la halen de los cabellos. Cuando Clemencia está lúcida pregunta por todos nosotros, recuerda que su madre se fue hace mucho tiempo y clama por su propia muerte. Si se pone agresiva, la atan a una silla de ruedas. Yo ya no soy capaz de visitarla, me he quedado sin fuerzas para ello. Me consuelo con saber que está bajo techo, alimentada y con medicinas. Y me urge la gran necesidad de dar a conocer su poesía, porque por Clemencia ya no podemos hacer nada más que asegurar que nunca la vayan a echar de la clínica.

Gracias a la Alcaldía Distrital de Santa Marta pude finalmente librarme de esa responsabilidad de seguir guardando fielmente los poemas que le rescaté de sus escombros. Me he encargado de que sus libros queden en la mayor parte de las bibliotecas importantes del país para al menos preservar para el país literario sus bellos textos. Soy incapaz de hacer un análisis crítico literario de su poesía, pero la sé bella, tan llena de cualidades como de simbologías, pero ante todo consecuente con la humanidad. Comparto estas palabras triviales con ustedes, artistas y amantes de la literatura, solo con el ánimo de que también miremos al ser creador que existe detrás de cada obra, y además con la ilusión de que otras personas sean las que se encarguen de abordar las valoraciones crítico-literarias que hay que hacer de los dos libros de Clemencia Tariffa, quien ha sido excluida de cuanta antología se ha realizado en el interior del país; y dada la calidad de su obra, no hay que proceder lo mismo con las antologías nacidas desde nuestra costa Caribe. Pienso en algunos nombres que podrían asumir este trabajo de reconocimiento a la obra de Clemencia, nombres como Gabriel Ferrer, Miguel Iriarte, Ariel Castillo, o quienes tengan el juicio y la capacidad de asumirlo con la altura que se requiere. De ninguna manera me mueve a que hagamos del nombre de Clemencia las cosas horribles que se han hecho con el nombre de Raúl Gómez Jattin, el mercantilismo a que se ha sometido su vida. Más bien es una manera llana y sencilla de palpar nuestros íntimos dolores a través del ejercicio de otro creador, una especie de espejo para encantar nuestros fantasmas interiores que nos permita conciliarnos un poco con el duro ejercicio de vivir. Así lo he asumido mientras me ciño la cota y la malla para batallar frontalmente contra mis propios fantasmas -que son enormes-, oficio diario que los creadores no debemos descuidar, no sea que también sus sombras terminen avasallando el último baluarte de dignidad de nuestras vidas.

Puerto de Santa Marta, Noviembre de 2007

lunes 26 de octubre de 2009

Clemencia Tariffa ha muerto (I)


La primera información sobre la muerte de la poeta colombiana Clemencia Tariffa (Codazzi, Cesar, 1959) me la envió el escritor Naudín Gracián. Esperé a ver si los periódicos de Bogotá reconfirmaban la noticia. Pero ellos viven muy ocupados en llover sobre mojado y nunca dijeron nada. Luego vi en El Espectador del 10 de octubre la nota de Esteban Carlos Mejía ("Nacida en la pobreza, enferma de epilepsia y males peores, marginada y marginal, estoica ante las pompas de la literatura, nos dejó un manojo de poemas potentes y sutiles, editados por sus amigos, en dos pequeños libros que marcarán la historia de la poesía colombiana, El ojo de la noche (1987) y Cuartel (2006)". Y ahora quiero publicar unas páginas muy personales de quien fuera centro de la cultura en Santa Marta cuando Clemencia Tariffa comenzaba a escribir (fue cuando la conocí y supe de su recia poesía, de su gran personalidad). Me refiero al poeta Hernán Vargascarreño. Este perfil de Clemencia lo escribió él en 2007, y lo trascribo en dos partes:

"Si es difícil vivir, lo es aún mucho más difícil explicar nuestras vidas".
Marguerite Yourcenar


Por Hernán Vargascarreño


A Clemencia la conocí en al año 1990 en Casa Caribe Libro-Café, la única taberna cultural que ha tenido Santa Marta, con una breve existencia de siete años. Pero antes de conocer a Clemencia conocí su poesía a través de su primer libro, El ojo de la noche. Quedé conmovido ante la sutileza y excelencia de sus poemas y me propuse entonces conocerla dado los pésimos comentarios que los pseudopoetas locales emitían de su poesía. Andaba en mi cabeza con el tema de formar un grupo para proponernos hacer difusión de la poesía mediante un programa mensual de recitales y mediante la publicación de alguna revista. El grupo se fue formando con Leda Beatriz Mendoza, Alfonso Delgado Campo, Miriam Reina, Monique Facuseh, Clemencia Tariffa y algunos años más adelante con María Teresa Escobar.

Nos dimos pues a la tarea de iniciar con los recitales, lo que sucedió en el mes de junio de 1991. Fue el inicio de una amistad que nos reunió en torno a cenas, vinos, noches de bolero y alguno que otro desorden. La poesía parecía ser solo una excusa para quienes creíamos en la amistad derrochando celebraciones en las que Clemencia siempre estaba presente.

Pronto nos dimos cuenta de los problemas epilépticos de Clemencia, de su dependencia total de la madre para poder sobrevivir, de su dependencia diaria de la medicina recetada por el siquiatra que la veía. Algunas personas aseveraban que Clemencia era drogadicta. Jamás fumó siquiera, y tenía muy claro que no podía tomar ninguna clase de licor, así como tenía claro que nunca tendría un hijo porque ella misma decía que se le podría caer de sus brazos en un momento de una convulsión. Su señora madre, doña Socorro, la tuvo sin casarse, en Codazzi, Cesar, el 22 de octubre de 1959. Allí estudió parte de la primaria y hacia los 8 años de edad se mudaron para Santa Marta. La máquina de coser y la preparación de toda clase de alimentos era el medio de subsistencia de esta madre soltera que pronto se dio cuenta de la enfermedad de su hija, pero la pobreza extrema le impidió el acceso a controles médicos. Clemencia vino a ser tratada pasados los 25 años, edad muy tardía, según los médicos, para controlarle sus ataques de epilepsia. Sin embargo, esto no le impidió terminar su bachillerato en el Liceo Celedón y conseguir algunos empleos como bibliotecaria de un colegio privado y como asesora cultural en el Sena de Santa Marta. También supimos que había incursionado en la radio liderando un espacio dominical en torno a la actividad cultural de Santa Marta.

Para cuando nosotros la conocimos, Clemencia no estaba del todo mal, pero ya nadie la empleaba porque aparte de los trastornos convulsivos se le fueron acentuando otro tipo de enfermedades nerviosas (llamadas clínicamente, episodios psicóticos sobrecargados), delirios que la llevaban a desconfiar de todo mundo, a manifestar celos extremos por sus poemas y a la acentuación de una personalidad difícil de sostener buenas relaciones con los demás. Recuerdo que muchas personas le temían y la evitaban para no llegar a la controversia. Yo mismo fui víctima muchas veces de sus desplantes y de sus ataques directos, pero pronto aprendí a manejar la situación incluso en sus momentos más críticos, los delirios sexuales, pues una persona que padece trastornos convulsivos sufre también desórdenes en su libido lo que las lleva a repentinos incrementos de su deseo sexual.

Llegué a conocer unos seis o siete lugares de vivienda de la señora Socorro y de Clemencia, siempre cuartos de inquilinato en barrios deprimentes, espacios que la poeta detestaba y por lo cual le reclamaba a su señora madre, pero ella no podía darle más a esa hija por quien se desvivía para proporcionarle diariamente sus alimentos más apetecidos y para confeccionarle ella misma sus vestidos. Clemencia no entendía por qué tenían que vivir en esas condiciones tan precarias y esta situación era motivo frecuente de enfrentamiento entre estas dos mujeres acosadas por la pobreza y el abandono. En esas condiciones, Clemencia tenía que soñar y crear sus poemas, motivo por el cual le gustaba instalarse frente al mar o viajar por toda la Costa Caribe a donde la invitaran a leer su poesía mientras su madre se quedaba con el alma en vilo esperando que pasados unos días su hija del alma regresara sana y salva.

Su primer libro, El ojo de la noche, se lo subvencionó el político samario Juan Carlos Vives Menotti, hombre de gran bagaje cultural que al conocer los poemas de Clemencia no dudó en encargarle al poeta José Luis Díazgranados que le preparase la publicación del libro, lo que sucedió en 1987 en la imprenta de la Universidad Nacional, con el impresionante tiraje de cinco mil ejemplares. Ese mismo año, Vives Menotti hizo llevar a Clemencia a Bogotá para que presentara su libro en la recién abierta Casa de Poesía Silva. También brindó otros recitales en varios espacios culturales de la capital, y cuenta Juan Manuel Roca que cierta noche Clemencia brindaría uno de sus recitales en una taberna cultural del barrio La Candelaria, y que llegado el momento, Clemencia tomó el micrófono y advirtió que no leería esa noche, porque si lo hiciera, temblaría la tierra. Efectivamente, no leyó y los más crédulos quedaron contentos de que la noche de fiesta no se fuera a estropear nada menos y nada más que por un temblor de tierra. Clemencia regresó a Santa Marta con su impresionante equipaje de libros y año tras año los fue ofreciendo al público como una manera de conseguir algo de dinero. (Mañana, segunda entrega)